Casi puedo recordarme tumbado en mi cama, mirando fijamente un folio que al final se quedaría en blanco, y no porque no quisiera escribirte.
Perdí la cuenta de las veces que me prometí que escribiría una carta y la escondería en tu bolso para que la encontrases al llegar a casa, aunque nunca supe bien que decirte.
Nos decíamos "te quiero" tan a menudo que sentía que cualquier cosa que pudiese escribir estaría demasiado vacía.
Así era...
Hoy, probablemente, seguirás con los ojos cerrados, mirando al cielo.
Quería que supieses que al fin conseguí escribir, que encontré las palabras adecuadas en otros labios,
en otros ojos.
Que no hay "te quieros" a diario, ni de vez en cuando...
Quizás, porque quiero yo solo.
Me decías que era un soñador, un bohemio que podía ser feliz aunque no tuviese nada.
Se que tenías razón y sé que, también, te alegrarás por mi.
En este tiempo me he olvidado de esperarte, de perderme entre tu ropa, de gritarte cada madrugada...
Sin embargo, a veces, ya ves;
vuelven mis labios a saber a fresa y vuelvo a escribirte, aunque no te quiera....
porque no tengo otra historia.