miércoles, 16 de enero de 2013

El camino de la vida

Ya no encuentro luz al final del túnel. Entré pensando en que saldría agarrado de tus cálidas manos, olvidando mis miedos, mis penas o mis ganas de evadirme del mundo.
Pero nada de eso sucedió. Me vi atrapado en esta cárcel de llantos, de lamentos y de semáforos en ámbar. No pude salir de allí.

La agonía sucumbía mi ser, y el tiempo quemaba mis recuerdos.

Día a día luchaba contra mi propio destino, e intenté recordar sus sabias palabras.
Pronto, estas llegaron a mí. Inundaron mi alma y espíritu y, al fin, las recordé...

"-La vida no es más que un camino hacia la muerte. Todos acabamos convirtiéndonos en cenizas tarde o temprano. Por eso, hijo mío, vive cada momento como si fuese el último. Da todo de ti. Se valiente, afronta las dificultades como si solo fuesen pequeños muros que saltar. Tropieza, cae y levántate todas las veces que sean necesarias, pero nunca permitas que te empujen, te tiren o te den la mano para alzarte. Recuerda lo bueno y olvida lo malo. Perdona y pide perdón; pero sobre todo, da y recibe amor, pues eso marcará tu vida como ningún otro sentimiento.-"

De repente, mis ojos se abrieron, y toda la oscuridad que rodeaba mi ser se desvaneció. Me erguí lentamente, con la mirada fija en el final de ese túnel. Ahora sí... podía ver la LUZ.


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